Cables submarinos de Internet: la guía para las empresas italianas

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Descubre cómo los cables submarinos de Internet afectan a tu empresa. Una guía sobre infraestructura, riesgos geopolíticos y soberanía de los datos para las pymes italianas.

Cuando un directivo piensa en Internet, suele imaginar la nube, las aplicaciones, los paneles de control, los sistemas CRM y la inteligencia artificial. Casi nunca imagina los fondos marinos, las estaciones de aterrizaje ni los corredores geopolíticos. Sin embargo, ahí radica el punto decisivo: alrededor del 95 % del tráfico mundial de datos transita por cables submarinos, no por el «espacio» digital abstracto que utilizamos a diario (ICT Security Magazine).

Para una pyme italiana, esto no es un simple detalle técnico. Es una cuestión de riesgo operativo, continuidad del negocio, cumplimiento normativo y dependencia estratégica. Cada vez que tu equipo utiliza un ERP en la nube, envía documentos a un cliente extranjero o consulta una plataforma de IA, los datos recorren infraestructuras físicas concretas. Pasan por nodos, cruzan mares, llegan a estaciones terrestres y dependen de entidades que controlan las rutas, la capacidad y las redundancias.

Entender los cables submarinos de Internet significa hacer visible la infraestructura invisible que sustenta tu negocio. También significa analizar con mayor profundidad las opciones en materia de proveedores de servicios en la nube, SaaS, análisis de datos e inteligencia artificial. Porque elegir un servicio digital no solo significa adquirir funcionalidades. También significa aceptar una determinada cadena física de datos.

Índice

  • Conclusión: Prepara tu empresa para el futuro
  • La realidad física de Internet y los cables submarinos

    ¿Por dónde circula realmente el tráfico digital?

    Aproximadamente el 95 % del tráfico internacional de Internet circula por cables submarinos, no por satélites. Para una pyme italiana, este dato cambia la forma correcta de entender la nube, el SaaS y la colaboración a distancia: detrás de cada servicio digital hay una cadena física de infraestructuras, puntos de aterrizaje, operadores de red y decisiones de enrutamiento.

    Una infografía que explica que el 95 % del tráfico global de Internet pasa por cables submarinos, no por satélites.

    Internet funciona a través de fibras ópticas tendidas en el fondo marino, conectadas a estaciones de aterrizaje terrestres y, a continuación, a las redes troncales continentales. En otras palabras, los correos electrónicos, las copias de seguridad, los sistemas CRM en la nube, los ERP y las videoconferencias no circulan por un espacio abstracto. Siguen rutas físicas que pueden congestionarse, sufrir daños, ser interceptadas o rediseñadas en función de los intereses de quienes controlan la red.

    Para un empresario, lo importante no es la ingeniería en sí misma. Lo importante es comprender que el rendimiento, la continuidad operativa y la ubicación efectiva de los datos también dependen de infraestructuras que la empresa no ve y con las que casi nunca negocia directamente.

    Los datos de la empresa no «aparecen» en la nube. Recorren rutas concretas, con tiempos de respuesta, vulnerabilidades y dependencias específicas.

    Repercusiones operativas de los cables submarinos

    Desde el punto de vista técnico, un cable submarino moderno utiliza repetidores ópticos distribuidos a lo largo del trazado para mantener la señal en distancias intercontinentales. El tendido se realiza a grandes profundidades y requiere años de planificación, autorizaciones e inversiones. Esto explica por qué la red global no cambia con rapidez y por qué algunos nodos adquieren una importancia estratégica mayor que otros (Wikipedia en italiano sobre el cable submarino).

    Para un directivo, las consecuencias son tangibles. Si una aplicación en la nube responde con lentitud o si un proveedor promete resiliencia sin explicar en qué rutas y en qué puntos de aterrizaje se basa, el riesgo no es solo técnico. Se convierte en un riesgo operativo y contractual.

    Los grandes cables que conectan Europa, el Mediterráneo, Oriente Medio y Estados Unidos concentran capacidad, inversiones y prioridades de mantenimiento. El Mediterráneo es, por tanto, un corredor central de la red global. No solo por razones geográficas, sino porque conecta mercados, centros de datos y redes troncales que influyen directamente en los tiempos de acceso a los servicios digitales que utilizan a diario también las empresas italianas.

    Para quienes utilizan plataformas de datos, inteligencia artificial o aplicaciones distribuidas en varias regiones de la nube, esto tiene tres consecuencias directas:

    • Capacidad de transporte. Una mayor ancho de banda disponible reduce la probabilidad de que el aumento del tráfico y los cuellos de botella afecten negativamente al rendimiento.
    • Latencia. Las rutas más directas mejoran los tiempos de respuesta de aplicaciones sensibles, como el análisis en tiempo real, el VoIP y los entornos colaborativos.
    • Redundancia. La continuidad no depende únicamente del software, sino de la existencia de rutas alternativas en caso de avería o mantenimiento.

    Aquí surge un aspecto que a menudo se pasa por alto en las pymes. La elección de un proveedor de servicios en la nube no se reduce únicamente al precio, las funcionalidades o el cumplimiento formal del RGPD. También tiene que ver con las redes que utiliza ese proveedor, por qué países transitan los datos, de qué centros de datos depende y en qué medida la empresa cliente queda expuesta a decisiones tomadas en otros lugares, ya sean de carácter técnico o geopolítico.

    Por eso también resulta útil leer casos como «Cómo ELECTE con Cloudflare». Ayudan a comprender la relación entre la arquitectura de la aplicación y la infraestructura de red. La calidad percibida de una plataforma depende también de la cadena física y de los actores que la gestionan.

    La conclusión útil para una pyme es sencilla: si tus datos pasan por infraestructuras globales que no controlas, la soberanía de los datos no se decide únicamente en el contrato. También se decide en la ubicación geográfica de las redes.

    Quién controla Internet: la nueva geografía del poder digital

    Infografía sobre el control de los cables submarinos, en la que se muestra el traspaso de la propiedad de las empresas de telecomunicaciones a las grandes empresas tecnológicas.

    Durante años, muchas empresas han considerado a los proveedores digitales como meros proveedores de aplicaciones. Hoy en día, esta visión resulta incompleta. Quien controla las infraestructuras fundamentales de la conectividad ejerce un poder mucho mayor que quien se limita a ofrecer una interfaz o un servicio.

    El control de la infraestructura tiene más valor que el servicio visible

    Si eres propietario o cofinancias la red que transporta los datos, no solo controlas un activo técnico. Controlas las rutas, las redundancias, las prioridades de inversión y, en parte, la calidad operativa de los servicios que circulan por esa infraestructura.

    Para una pyme, esta concentración tiene tres implicaciones que a menudo se pasan por alto:

    Tema¿Qué significa esto en la práctica?
    Recorrido de los datosLos datos se ajustan a las redes y los nodos elegidos por los grandes operadores de infraestructuras
    Adicción a las redes socialesUn servicio fiable depende también de la calidad de la cadena física subyacente
    Asimetría de poderEl cliente final ve el software, pero no controla la estructura subyacente que lo sustenta

    La clave está en esto: cuando contratas un servicio en la nube o SaaS, no solo estás adquiriendo funciones de la aplicación. Estás entrando en un panorama de poder digital ya definido por otros.

    ¿Por qué esto influye en las decisiones de las pymes?

    Muchas empresas evalúan a un proveedor según criterios conocidos: precio, facilidad de uso, integraciones y asistencia técnica. Son criterios necesarios, pero ya no bastan. Un análisis más exhaustivo debe incluir también preguntas como:

    • ¿Por dónde se transmiten los datos entre el usuario, la aplicación y el centro de datos?
    • ¿Qué nodos y estaciones de aterrizaje resultan más críticos en la cadena de servicio?
    • ¿Existen rutas alternativas o la resiliencia depende de unos pocos corredores?
    • ¿Quién decide las inversiones en infraestructuras que sustentan el servicio contratado?

    Regla práctica: si no sabes de qué infraestructuras depende un servicio esencial, no estás gestionando el riesgo. Simplemente lo estás delegando.

    Los cables submarinos de Internet no son, por tanto, un tema exclusivo de los especialistas en telecomunicaciones. Son el nivel oculto que explica por qué algunos ecosistemas digitales llegan a ser dominantes y por qué las empresas europeas, incluso las pequeñas, pueden verse envueltas en cadenas de dependencia mucho más profundas de lo que imaginan.

    Satélites y fibra óptica: ¿es Starlink realmente una alternativa?

    En el debate público, a menudo se presenta a los satélites como el «nuevo Internet», capaz de sustituir a los cables. Se trata de una simplificación conveniente, pero para un directivo puede resultar engañosa.

    Donde los satélites funcionan bien

    Las redes por satélite tienen un valor real en contextos específicos. Resultan útiles cuando se necesita cobertura en zonas aisladas, cuando no hay infraestructuras terrestres o como solución de continuidad en situaciones concretas. En estos casos, su punto fuerte es la accesibilidad.

    Para una empresa con sedes en zonas remotas, obras móviles o entornos logísticos difíciles, el satélite puede ser un elemento inteligente de conectividad. También puede resultar útil como sistema de respaldo en arquitecturas más amplias.

    Donde la fibra sigue siendo insustituible

    Sin embargo, cuando se trata de cargas intensivas, el razonamiento cambia. Los centros de datos, las aplicaciones en la nube generalizadas, el análisis en tiempo real, los intercambios continuos entre sedes y plataformas, los modelos de inteligencia artificial y los grandes volúmenes de datos requieren una infraestructura de red que el satélite no puede sustituir a escala sistémica.

    La diferencia correcta no está entre «antiguo» y «nuevo». Está entre complementario y sustitutivo. Los satélites amplían la cobertura. La fibra submarina constituye la estructura básica.

    Esto también es importante en la gobernanza de las tecnologías de la información. Si tu empresa utiliza herramientas que dependen de un intercambio rápido y continuo de datos, no puedes considerar el satélite como una alternativa general a los cables submarinos de Internet. Puedes valorarlo como un recurso táctico, pero no como la vía principal.

    Una forma útil de abordar el tema es la siguiente:

    • Satélite para cubrir excepciones, movilidad, entornos remotos y copias de seguridad específicas.
    • Fibra óptica para garantizar la continuidad operativa diaria de los servicios digitales estructurados.
    • La arquitectura híbrida solo es válida si se diseña partiendo de las cargas reales, y no de la narrativa tecnológica del momento.

    En otras palabras, el mito que hay que evitar es sencillo: una mayor visibilidad mediática no implica una mayor importancia en cuanto a infraestructuras.

    La geopolítica de los datos y la seguridad de los cables submarinos

    Una parte importante del tráfico internacional de datos sigue circulando por debajo del mar. Por eso, los cables submarinos no son solo infraestructura de telecomunicaciones. Son activos estratégicos, puntos de presión geopolítica y posibles factores de interrupción para las actividades empresariales que dependen de la nube, de las plataformas SaaS y de las cadenas de suministro distribuidas.

    Un equipo de profesionales analiza datos globales sobre los cables submarinos de Internet a través de pantallas digitales interactivas en la oficina.

    El Mediterráneo como punto fuerte y punto de tensión

    Para Italia, el Mediterráneo supone tanto una ventaja logística como una vulnerabilidad estructural. La península conecta Europa, el norte de África y Oriente Medio. Esta ubicación atrae inversiones en conectividad y centros de datos, pero también aumenta la exposición a incidentes, tensiones militares, actividades de vigilancia y actos de sabotaje en tramos de alta densidad.

    Hay un aspecto que destaca por encima de los demás: la céntrica ubicación geográfica no equivale al control. Un país puede albergar puntos de conexión y corredores importantes sin tener un control real sobre quién es el propietario de la red, quién la gestiona, por dónde se transmiten los datos y bajo qué jurisdicción se encuentran los servicios digitales que la utilizan.

    Del riesgo técnico al riesgo estratégico

    Los análisis sobre la seguridad de los cables en el Mediterráneo señalan un aumento de la atención prestada a las amenazas híbridas, a las operaciones de cartografía de las infraestructuras submarinas y a la vulnerabilidad de las estaciones de aterrizaje, es decir, los puntos en los que los cables llegan a tierra y se conectan a las redes terrestres, tal y como informa la revista ICT Security Magazine.

    Para una pyme, este es el paso estratégico. El riesgo de conectividad no surge únicamente en el router de la empresa, en el centro de datos del proveedor o en el contrato con el operador. Puede surgir mucho antes, a lo largo de tramos internacionales que la empresa no ve, no controla y, a menudo, no tiene en cuenta a la hora de evaluar a los proveedores.

    Si un tramo resulta dañado o se produce una interrupción en una estación de conexión, el efecto no se limita a la red. Pueden empeorar los tiempos de acceso a los servicios en la nube, ralentizarse las aplicaciones ERP y CRM, aumentar la latencia en las sedes en el extranjero y bloquearse las integraciones con clientes y proveedores.

    Aquí surge una cuestión de la que se habla poco. La elección de un proveedor de servicios en la nube no solo tiene que ver con el precio, las funcionalidades y la asistencia técnica. También tiene que ver con la geografía de las dependencias: por dónde transitan los datos, qué redes troncales utilizan los servicios, qué cuellos de botella marítimos atraviesan y qué contexto geopolítico se da en esos corredores.

    Esto traslada el tema de la mera ciberseguridad a la soberanía operativa. Si los procesos críticos de la empresa dependen de infraestructuras concentradas en unos pocos nodos o de operadores expuestos a tensiones entre Estados, el riesgo geopolítico entra en juego en forma de parón operativo, pérdida de productividad y menor capacidad para garantizar la continuidad a los clientes.

    Las empresas que están actualizando su enfoque en materia de resiliencia cibernética pueden relacionar estas vulnerabilidades también con las obligaciones y prácticas de seguridad más amplias, tal y como se analiza en ELECTE sobre la Directiva NIS2.

    La conclusión útil para un directivo es clara. La seguridad digital no se limita a los cortafuegos, las copias de seguridad y el control de accesos. Incluye el mapa de las dependencias físicas y políticas que sustentan los servicios contratados por la empresa. Quien la ignora delega parte de su riesgo estratégico en infraestructuras invisibles.

    Implicaciones estratégicas para las empresas italianas

    Una pyme puede contar con aplicaciones en la nube, copias de seguridad remotas y proveedores internacionales, pero seguir estando expuesta a unos pocos puntos físicos de tránsito. En Italia, una parte importante de las conexiones submarinas se concentra en algunos puntos de llegada y en el corredor mediterráneo, con un papel especial de Sicilia en las conexiones hacia el norte de África, Oriente Medio y el resto de Europa, tal y como recoge Geopop en el mapa de cables submarinos de Italia.

    Para un empresario, la cuestión no es geográfica en sentido abstracto, sino económica. Si los servicios que sustentan las ventas, la logística, la asistencia o la contabilidad dependen de rutas concentradas, un incidente técnico, una avería o una tensión internacional a lo largo de esos corredores puede traducirse en retrasos en el funcionamiento de las aplicaciones, un acceso inestable a los datos y peores tiempos de respuesta hacia los clientes y socios.

    Captura de pantalla de https://www.electe.net

    Esto cambia la forma en que debe abordarse la elección de un proveedor de servicios en la nube. La comparación entre ofertas no debería limitarse al precio, las funcionalidades y la asistencia comercial. Debería incluir la dependencia de regiones específicas de la nube, la redundancia de las redes troncales utilizadas por el proveedor y la coherencia entre la ubicación de los datos, las obligaciones contractuales y el perfil de riesgo de la empresa.

    La soberanía de los datos, para una pyme italiana, coincide, por tanto, con una cuestión operativa. En caso de crisis infraestructural o política, ¿quién decide por dónde pasan tus datos, con qué prioridades de recuperación y bajo qué jurisdicción se gestionan? Si la respuesta no está clara, no estás comprando solo un servicio. Estás aceptando una dependencia.

    Las preguntas que un directivo debería plantear a los proveedores

    Una evaluación seria de un proveedor debería incluir, como mínimo, los siguientes puntos:

    • Ubicación del tratamiento
      ¿Dónde se almacenan los datos y qué rutas de red se utilizan en situaciones normales y en caso de conmutación por error?

    • Redundancia geográfica y de red
      ¿El servicio está distribuido en varias zonas y entre varios operadores, o concentra el tráfico en unos pocos nodos?

    • Continuidad operativa
      ¿Documenta el proveedor los posibles casos de deterioro del servicio, los tiempos de recuperación y los procedimientos de emergencia?

    • Cadena de subproveedores
      ¿Quiénes gestionan los centros de datos, los proveedores de tránsito y los componentes de red subyacentes?

    • Gobernanza y cumplimiento normativo en materia de datos
      ¿Son compatibles las políticas sobre la ubicación, el acceso y la transferencia de datos con los clientes, los contratos y los requisitos europeos?

    Aquí surge una distinción útil. Un proveedor puede ser fiable en lo que respecta a las aplicaciones y seguir siendo opaco en lo que respecta a la infraestructura. Para una empresa que utiliza ERP, análisis de datos, inteligencia artificial o plataformas colaborativas, esta opacidad supone un riesgo para la continuidad operativa, no un simple detalle técnico.

    Por eso, el departamento de compras digitales debería colaborar con los departamentos de TI, finanzas y la dirección general. Las preguntas sobre RTO, RPO, conmutación por error y localización de los datos no solo sirven para negociar mejor. Sirven para plasmar una dependencia invisible en cláusulas, prioridades de inversión y planes de respuesta. En este sentido, tener claro cómo definir las estrategias de recuperación de datos ayuda a relacionar el riesgo de la infraestructura con las consecuencias concretas para el negocio.

    La conclusión, para una pyme, es sencilla. La nube no elimina la geografía. La traslada al balance de riesgos de la empresa.

    Puntos clave y medidas concretas para tu empresa

    El objetivo no es convertirte en un especialista en telecomunicaciones. Se trata de integrar estos conocimientos en las áreas de compras, gestión de riesgos y gobernanza digital.

    Lista de comprobación operativa para reducir la adicción invisible

    Infografía con cinco consejos estratégicos para mejorar la resiliencia digital y la seguridad empresarial.

    1. Elabora un mapa de los servicios críticos
      . Enumera los sistemas CRM, ERP, correo electrónico, herramientas de análisis, plataformas de IA y archivos documentales. Identifica qué procesos se paralizarían si la conectividad internacional se volviera inestable.

    2. Clasifica los datos según su sensibilidad
      : los datos de clientes, los datos financieros, los documentos contractuales y los resultados analíticos no tienen todos el mismo peso. Debes saber qué flujos merecen requisitos más estrictos en materia de localización y continuidad.

    3. Plantea preguntas sobre la infraestructura a los proveedores
      . No te limites al SLA y al precio. Pregunta dónde se almacenan los datos, qué redundancias existen y cómo se gestiona la recuperación.

    4. Revisa las copias de seguridad y la recuperación en
      . Una estrategia de resiliencia digital requiere objetivos claros de recuperación y pérdida tolerable de datos. En este sentido, profundizar en las estrategias de recuperación de datos ayuda a traducir el riesgo de infraestructura en planes operativos.

    5. Aborda el tema desde una perspectiv
      Los cables submarinos de Internet no son un asunto que deba dejarse únicamente en manos del departamento de TI. Afecta a los ámbitos del cumplimiento normativo, las adquisiciones, las operaciones y el liderazgo.

    Una buena prueba final es muy sencilla: si mañana tuvieras que explicar al consejo de administración por qué dependencias físicas pasan tus datos, ¿serías capaz de hacerlo con claridad? Si la respuesta es no, hay que poner en marcha una labor estratégica.

    Conclusión: Prepara tu empresa para el futuro

    La infraestructura física de Internet no es un mero telón de fondo técnico. Forma parte de tu modelo operativo. Los cables submarinos sustentan la conectividad global, concentran el poder de la infraestructura, exponen a las empresas a cuellos de botella geográficos y convierten la elección de un proveedor en una decisión mucho más estratégica de lo que parece.

    Para las empresas italianas, la lección es clara. Vivir en un país situado en el centro del Mediterráneo ofrece oportunidades, pero también exige prestar atención. La continuidad de los servicios digitales, la soberanía de los datos y el cumplimiento normativo no dependen únicamente del software que se elija. También dependen de las rutas físicas, los puntos de conexión y los actores que controlan la red.

    Las empresas mejor preparadas no esperan a que se produzca un incidente para plantearse las preguntas adecuadas. Ya hoy en día integran la infraestructura, el riesgo y la gobernanza en sus decisiones tecnológicas. Así es como la complejidad invisible se convierte en una ventaja competitiva visible.


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